Un psicólogo explica por qué el año nuevo te resulta agotador y cómo puedes solucionarlo
Ya está aquí el año nuevo y, con él, los vision boards y las largas listas de propósitos. Hay quien adora estas fechas, porque le dan la oportunidad de renovarse. Sin embargo, otras personas, aunque en un principio se mostraban emocionadas por los posibles cambios que implica el nuevo año, llegan a un punto en el que estas fechas solo les generan ansiedad. Si te pasa, piensa que no estás solo o sola. Es algo extremadamente habitual, sobre todo en los tiempos que corren.
Recientemente ha hablado sobre ello en un artículo para The Conversation el profesor de psicología de la Universidad Ciudad de Dublín Vlad Glăveanu. Según él, los nuevos comienzos que supone el año nuevo pueden llegar a causar fatiga mental e incertidumbre. Si miramos el futuro como un libro en blanco en el que se puede escribir una historia o algo más truculento, puede ser que solo pensemos en las posibles historias negativas. ¿Pero a qué se debe esto y, sobre todo, qué podemos hacer para solucionarlo?
Este psicólogo no habla de la fatiga causada por el año nuevo desde un punto de vista negativo. Más bien, nos explica cómo debemos enfocarlo para que no llegue a serlo.
¿Por qué puede ser tan agotador el año nuevo?
El año nuevo, los lunes, los cumpleaños o la vuelta al cole son fechas que nos indican renovación. Comienza un ciclo nuevo y lo vemos como una oportunidad para introducir nuevas rutinas o crear hábitos diferentes. Los psicólogos lo conocen como el “efecto nuevo comienzo”.
Ese nuevo comienzo puede ser bueno. Sin embargo, según Glăveanu, llega un momento en el que esa incesante necesidad de cambiar se hace agotadora. Sobre todo, ahora que vivimos en una época en la que todo invita a la inseguridad: la inestabilidad política, el cambio climático, la precariedad económica, las guerras… Vivimos en una época en la que mirar al futuro puede ser renovador y optimista, pero también aterrador.
Todas esas situaciones tan desesperanzadoras intensifican la fatiga mental que, según el psicólogo, hace que el “efecto nuevo comienzo” sea más negativo que positivo. Es más fácil centrarse en lo negativo que en la posibilidad de que llegue un soplo de aire fresco a nuestra vida. Él y su equipo lo vieron recientemente en un estudio en el que se anunciaba a un grupo de profesores que el edificio en el que trabajaban sería demolido, por lo que tendrían que mudarse a otro. Al preguntarles cómo se sentían, la mayoría no pensaban en la posibilidad de que ese edificio fuese mejor que el anterior. Simplemente pensaban en las posibles dificultades logísticas o incidencias que podría conllevar el cambio.

Dicho de otro modo, este científico explica que, “cuando las personas se sienten amenazadas o carecen de control, su pensamiento orientado al futuro se estrecha”. En vez de imaginar una variedad de posibilidades, “la gente tiende a centrarse en riesgos, pérdidas y escenarios catastróficos”.
Al final, el año nuevo también puede generar este efecto. Estamos ante un nuevo ciclo en el que podemos tomar decisiones conscientes, pero también puede haber muchos factores que escapen de nuestro control. Eso hace que nos cueste visibilizar esos nuevos propósitos como algo positivo para nosotros o fácil de alcanzar.
¿Cómo se puede evitar caer en todos estos problemas?
El primer paso es entender que esta fatiga mental causada por el año nuevo es normal y que no debemos sentirnos mal ni raros por experimentarla. Dicho esto, sí que podemos seguir algunas pautas para que no nos resulte tan complicado afrontarla.
Para empezar, como se dice siempre cuando nos planteamos nuevos propósitos, debemos pensar en tareas alcanzables, que dependan totalmente de nuestro control. Es posible aprovechar ese nuevo ciclo para introducir hábitos que hagan nuestra vida mejor, a pesar de las inseguridades que pueda haber en otras cuestiones de nuestra vida. Pero siempre sin que lograr los objetivos nos genere más ansiedad. Por ejemplo, es más fácil proponerse andar cada día 10 minutos, que ponerse el objetivo de correr una maratón, porque, quizás, la vida nos enfrente a problemas que no impidan entrenar lo suficiente. Una vez que vayamos avanzando, ya sí que podemos pensar en grande, pero empezando primero por algo más alcanzable que nos haga sentirnos bien.

Por otro lado, Glăveanu explica que es más fácil alcanzar los nuevos propósitos si son compartidos. Cita como ejemplo que una familia decida en grupo comer más comida casera. Se pueden hacer turnos para buscar recetas, cocinar o fregar los platos. Todos se benefician de esa comida casera, pero la parte demandante de la tarea está repartida, de modo que se disminuye la posibilidad de fatiga mental.
En definitiva, por mucho que el año nuevo se presente como una bonita hoja en blanco, debemos hacer lo que podamos con lo que tenemos. Siempre pensando en qué es lo que necesitamos, teniendo en cuenta posibles limitaciones y, sobre todo, sin compararnos con los demás. Cada vida es única y no todos tenemos las mismas posibilidades ni oportunidades para alcanzar un propósito en concreto. Cada logro tuyo es digno de celebración. Eso es lo más importante.