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Se le moja la canoa

La reciente boda de una pareja trans, avalada por la Junta Central Electoral, ha generado una discusión que la República Dominicana no debe ignorar.

La JCE sostiene que el matrimonio cumple con la ley porque, jurídicamente y de acuerdo con sus documentos oficiales, se trata de un hombre y una mujer. Pero precisamente ahí comienza el debate.

La Constitución dominicana establece en su artículo 55 que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer.

Entonces debemos preguntarnos: ¿estamos simplemente ante la aplicación de la ley según los documentos de identidad, o estamos frente a una nueva interpretación jurídica que podría tener consecuencias para el concepto tradicional del matrimonio?

Aquí hay que ser claros: la JCE no está diciendo que haya autorizado el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Su posición es que, legalmente, los contrayentes aparecen como hombre y mujer.

Pero el país tiene derecho a preguntar cuáles son los criterios utilizados y qué precedentes puede establecer este caso.

La JCE administra el Registro Civil; no le corresponde modificar por vía administrativa lo que establece la Constitución. Si algún día la sociedad dominicana decide cambiar la definición legal del matrimonio, esa discusión debe producirse mediante los mecanismos constitucionales y legislativos correspondientes.

Y este debate tampoco debe convertirse en una excusa para insultar o humillar a las personas trans. Se puede defender la familia tradicional y expresar desacuerdo con determinadas concepciones de género sin atacar la dignidad de ningún ser humano.

Lo que exigimos es claridad.

Porque esto no se trata solamente de una boda.

Se trata de saber qué entiende la República Dominicana por matrimonio, qué papel juegan los documentos de identidad y hasta dónde pueden llegar las instituciones al interpretar nuestras leyes.

El debate está abierto.

Si la junta los casó como hombre y como mujer, después no importa que como dice el refran:"SE LE MOJE LA CANOA"